* Del gris de las calles de tierra al color de los murales y la iluminación de los andadores, comunidades de Ecatepec comienzan a mostrar una nueva imagen urbana.
Por Redacción | Agencia MANL
Ecatepec, Méx.— En lo alto de la Sierra de Guadalupe, las escaleras que durante años fueron parte de un paisaje gris ahora tienen color. Las fachadas dejaron atrás la monotonÃa y los andadores comienzan a iluminarse cuando cae la tarde.
En la colonia La Agüita, los andadores Laureles y Flor de San Juan fueron transformados con murales, pintura de fachadas y alumbrado público. La intervención convirtió estos pasos peatonales en Senderos Seguros, pero también en espacios donde el arte urbano empieza a formar parte de la vida cotidiana.
Cinco murales fueron realizados en los 50 metros del andador Laureles, mientras que en Flor de San Juan, de 60 metros, se pintaron otros seis. Las escaleras y las fachadas de las viviendas también fueron intervenidas.
La alcaldesa Azucena Cisneros Coss recorrió la zona y destacó que la intención es construir una “galerÃa de arte urbano” en la parte alta de San Andrés de La Cañada, con la participación de vecinos y alrededor de 100 muralistas.
“Es muy bonito y me siento muy contenta por todos los niños y las niñas, que son los más felices de todo el color en las casas, en las calles, en las escaleras”, expresó.
Para quienes viven ahÃ, el cambio no sólo está en las paredes. Edith Cruz Hernández, vecina del andador Laureles, resumió la transformación desde una perspectiva cotidiana: antes no habÃa lámparas ni luz en la calle.
Cira López, también habitante de la zona, señaló que con el Sendero Seguro “las viviendas cambian” y que ahora el espacio tiene más color y luz. Al mismo tiempo, puso sobre la mesa lo que todavÃa falta: mejorar el suministro de agua potable y el drenaje.
El gobierno municipal plantea llevar esta transformación a alrededor de 3 mil viviendas de San Andrés de La Cañada, en una zona que surgió de manera irregular y que durante décadas enfrentó carencias de infraestructura y servicios.
Pero el cambio de paisaje no se limita a la Sierra.
En San Francisco de AsÃs, 42 de alrededor de 60 calles han sido pavimentadas, muchas de ellas después de permanecer hasta 30 años como vialidades de tierra. El programa Cimientos de Esperanza “Mano a Mano” combina materiales aportados por el municipio con la participación de los vecinos.
AhÃ, el concreto comienza a sustituir al polvo y al lodo; en La Agüita, los murales y la iluminación modifican el recorrido diario de quienes suben y bajan por sus escaleras.
En ambos casos, la transformación ocurre sobre espacios que forman parte de la vida diaria: la calle frente a casa, las escaleras para llegar al domicilio, el camino hacia la escuela o el trayecto de regreso cuando ya oscureció.
Y mientras unas comunidades esperan completar sus vialidades y otras mejorar servicios básicos, el paisaje comienza a contar una historia distinta: calles que cambian de color, caminos que se iluminan y vialidades que dejan atrás la tierra para convertirse en concreto.







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