El Pequeño Cronista
Bandos municipales: orden sin diálogo
COLUMNA ESPECIAL | Cronista Noticias
Cada febrero los ayuntamientos mexiquenses repiten el ritual: foto oficial, discurso de orden y la promesa de “mejor convivencia”. El Bando Municipal 2026 no fue la excepción, pero tampoco logró ocultar su principal falla: se impuso desde el escritorio y no desde la calle.
El primer síntoma del desorden vino desde dentro. En Atizapán de Zaragoza, la edil Leylany Richard protagonizó una protesta simbólica durante la presentación oficial del Bando Municipal. El gesto, incómodo para el gobierno local, evidenció fracturas internas, señalamientos de opacidad y la falta de consenso incluso entre quienes integran el cabildo. Cuando ni los propios funcionarios creen en el reglamento, algo está mal desde el origen.
La inconformidad pronto salió a las calles. En Teoloyucan, transportistas bloquearon vialidades tras la entrada en vigor de restricciones al tránsito de carga pesada entre las seis de la mañana y las diez de la noche. No fue un capricho: fue la reacción a una norma aplicada sin diálogo previo. El resultado fue el contrario al prometido: caos vial, lo que puede traducirse en posibles acciones de corrupción o abusos de poder, enojo social y autoridades rebasadas.
En municipios como Valle de Chalco y Chicoloapan, las nuevas multas —de hasta siete mil pesos por tirar basura o desperdiciar agua— también encendieron reclamos. La limpieza y el cuidado del entorno son necesarios, pero imponer sanciones elevadas en contextos de carencia social suele percibirse más como castigo que como política pública.
Los bandos municipales deberían ser instrumentos de consenso. Hoy, en muchos municipios, son reflejo de una autoridad que regula sin escuchar.
#ElPequeñoCronista #BandoMunicipal2026 #Edomex #GobiernosLocales #ParticipaciónCiudadana #Edoméx #Teoloyucan #AtizapanDeZaragoza #Chalco #Chicoloapan
Bandos municipales: orden sin diálogo
COLUMNA ESPECIAL | Cronista Noticias
Cada febrero los ayuntamientos mexiquenses repiten el ritual: foto oficial, discurso de orden y la promesa de “mejor convivencia”. El Bando Municipal 2026 no fue la excepción, pero tampoco logró ocultar su principal falla: se impuso desde el escritorio y no desde la calle.
El primer síntoma del desorden vino desde dentro. En Atizapán de Zaragoza, la edil Leylany Richard protagonizó una protesta simbólica durante la presentación oficial del Bando Municipal. El gesto, incómodo para el gobierno local, evidenció fracturas internas, señalamientos de opacidad y la falta de consenso incluso entre quienes integran el cabildo. Cuando ni los propios funcionarios creen en el reglamento, algo está mal desde el origen.
La inconformidad pronto salió a las calles. En Teoloyucan, transportistas bloquearon vialidades tras la entrada en vigor de restricciones al tránsito de carga pesada entre las seis de la mañana y las diez de la noche. No fue un capricho: fue la reacción a una norma aplicada sin diálogo previo. El resultado fue el contrario al prometido: caos vial, lo que puede traducirse en posibles acciones de corrupción o abusos de poder, enojo social y autoridades rebasadas.
En municipios como Valle de Chalco y Chicoloapan, las nuevas multas —de hasta siete mil pesos por tirar basura o desperdiciar agua— también encendieron reclamos. La limpieza y el cuidado del entorno son necesarios, pero imponer sanciones elevadas en contextos de carencia social suele percibirse más como castigo que como política pública.
Los bandos municipales deberían ser instrumentos de consenso. Hoy, en muchos municipios, son reflejo de una autoridad que regula sin escuchar.
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